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Es hora de elegir entre la democracia y la oclocracia

Por: Julio C. Navarro Falconí (1)

Publicado: 2022-06-19

Adela Cortina escribió una historia de un jefe indígena que le contaba a sus nietos sobre la existencia de dos lobos que viven en el interior de las personas, un lobo que actúa motivado por el odio, la mentira y la maldad, y otro lobo que actúa motivado por la bondad, la alegría y la esperanza, una vez que terminó de explicarle a sus nietos sobre esta dicotomía que gobierna la forma de actuar de las personas, uno de los niños le preguntó: abuelo, ¿cuál de los lobos crees que ganará? Y el abuelo le contestó: el que tú alimentes.

Creo que esta sencilla historia nos puede servir de ejemplo para reflexionar sobre lo que viene sucediendo en nuestro país, un lugar maravilloso que acoge a más de 33 millones de personas, con usos y costumbres diferentes, con formas de vida distintos y tan diversos como nuestro propio territorio, un país donde se hablan 48 lenguas distintas, con acentos o formas de hablar con características muy marcadas por regiones: el characato, el limeño, el piurano, el cuzqueño, el puneño, el pucallpino o huancaino, por mencionar solo algunos, tienen sus propias formas de expresar la cosmovisión de su tierra, de sus comunidades, de sus creencias, de sus relaciones interpersonales o con sus autoridades e incluso sobre las tradiciones arraigadas a lo largo de su singular historia.

El Perú es nuestra casa grande, una casa frente al mar, con montañas en su centro que tocan el cielo y con un gran y maravilloso jardín al otro extremo, un país donde los eventos naturales no son tan extremos como sucede en otros países o continentes, sin embargo, en el Perú en los últimos años se viene asentando otro tipo de evento extremo, uno que no destruye casas, campos o ciudades, sino algo peor, está destruyendo la mente y la consciencia de los peruanos, está cercando la mirada de la sociedad para negar su diversidad y centrarse en solo dos extremos.

En los últimos años en nuestro país está surgiendo una corriente de contraposiciones extremas, si eres de la U, estás en contra de Alianza, si eres fujimorista entonces los antifujimoristas son tus enemigos, si eres limeño capitalino miras con desdén y desprecio a los cholos provincianos, si eres de plata estás a la otra orilla de los misios, si eres de un colegio o universidad privada vales más que un egresado de un colegio estatal o universidad pública, si hablas quechua eres una especie de ciudadano de segunda categoría, si hablas inglés y viajas a Miami entonces eres de la gentita pro que hace patria, si eres investigado por la Fiscalía los fiscales son unos miserables, si eres alcalde, gobernador o presidente eres ladrón, si trabajas en Odebrecht o alguna empresa del club de la construcción eres un profesional exitoso que gana mucha lana, si eres de izquierda eres misio, caviar y terrorista, si eres de derecha eres de la clase alta, neoliberal y capitalista.

Esto que sucede en el Perú trae consigo una peligrosa amenaza, después de la caída de la dictadura de Fujimori todos vimos con esperanza el surgimiento de una nueva democracia, Valentin Paniagua y luego Alejandro Toledo representaron el inicio de la recuperación moral y el rescate de la patria, en aquella época todos estábamos convencidos que la democracia es el único camino para construir un nuevo país libre de la crisis de valores que tanto daño hizo a nuestro tejido social en 180 años de vida republicana; sin embargo, eso que anhelamos y recuperamos hace 20 años hoy está a punto de quebrarse, de romperse, y por culpa directa de los que tienen la obligación de cuidarla y preservarla, tres poderes del Estado que, en lugar de fortalecer su institucionalidad, han debilitado sus estructuras y han perdido la confianza de la gente, además del actual rol que han asumido la mayoría de medios de comunicación asemejándose a un circo romano que exige sangre y muerte desde sus galerías, y al otro extremo, una multitud de hombres y mujeres que a diario pugnan por ganarse el pan de cada día en medio de un caos social y del irrespeto a las normas establecidas por los legisladores tan precarios como sus iniciativas legislativas, es decir, todo parece indicar que muy pronto se harán del poder los que prefieren la tiranía, la mano dura, la fuerza bruta, la sin razón, para dar lugar a una oclocracia, un gobierno perverso que surge de la degeneración del poder, un escenario al que perece ser que estamos condenados, tristemente.

¿Qué nos queda como sociedad? Bueno, volvamos a la historia con la que empecé este columna, lo que debemos hacer es elegir qué lobo queremos alimentar, al que exacerba la cultura de odio entre nosotros, y que ha encontrado en las redes sociales el espacio para afirmar sus maldades, o al otro lobo que abraza la bondad y la esperanza, aquél lobo que aún cree que la educación basada en el respeto a los demás, a su diversidad, a las diferencias, es la mejor opción para salvar nuestra democracia.

Como dijo el jefe de aquella comunidad indígena, nosotros debemos elegir qué lobo alimentar, y luego, asumir las consecuencias.

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(1) Periodista

Publicado: El 19 de junio de 2022


Escrito por

Julio Navarro -Jucenaf

Periodista y luchador incansable contra la crisis de valores para construir un mundo mejor! JALCA para siempre! Aquí mi opinión personal.


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Construyendo un Perú mejor

Elegir, actuar y transformar el entorno para incrementar su valor y generar felicidad y progreso es el deber que debemos cumplir cada día!